Jueves, 16 Enero 2020 18:39

MAXIMILANO GARRIDO ZABALA

Escrito por Libro "Personajes de Tierra Adentro" de José Américo Ocampo.
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“Estudié hasta quinto curso, porque la educación primaria en esa época estaba limitada hasta allí”, nos cuenta don Maximiliano Garrido Zabala, hombre de múltiples facetas, que a lo largo de sus 75 años, supo sortear los obstáculos y retos que la vida le deparó.

Muy conocido, desde su tierna infancia, como “Chano”, nuestro personaje nació en el Monte de la Víbora un 11 de febrero de 1925, siendo sus progenitores don Rigoberto Garrido y doña Liberata Zabala. Sin mucho esfuerzo rememora sus años de juventud y la innata afición por los vehículos motorizados que, allá por el año 1939, hacían su aparición en el Norte Cruceño, cuando el monte alto y tupido llegaba hasta la entrada misma de lo que hoy es la ciudad de Montero.

UN SUEÑO HECHO REALIDAD

A fines de 1939, a sus juveniles 17 años, el sueño de “Chano” se vuelve realidad cuando el español, José Jus, le confía la conducción de una camioneta, similar a la de don Luciano Paz, más dos automóviles Ford IV, uno del japonés Sirasawa y otro del alemán Ernesto Kunn, y un colectivo de don José Bruno, conformaba el parque automotor del incipiente servicio de transporte público.

En tiempo seco, un viaje de Montero a Santa Cruz demoraba entre cinco a 6 horas, pero cuando llovía esos caminos eran un verdadero infierno. Viajar en esas épocas era toda una odisea, recuerda nuestro entrevistado y luego con un dejo de añoranza nos dice que en esa carretera se hizo hombre de verdad, porque fueron diez años de su existencia detrás del volante, al igual que otros esforzados hombres de esos tiempos, que estaban apuntalando un futuro de progreso imparable en esta región norteña.

MI BUENOS AIRES QUERIDO

En la década de los cuarenta, cuando se produce el auge del caucho, el llamado oro negro de la siringa del Beni, el contrabando hacia la Argentina creó fortunas incalculables “de la noche a la mañana”, a hombre con espíritu aventurero y de gran temple, que aprovecharon la coyuntura de la Segunda Guerra Mundial y la necesidad de Alemania de contar con este producto estratégico.

Don “Chano” fue tentado, junto a otros cinco chóferes, para transportar las “bolachas ahumadas”, desde Santa Cruz hacia la reina del Plata. “Fueron cinco viajes los que realizaron y aparte del sacrificio de los pésimos e inexistentes caminos hacia Yacuiba, el premio mayor era estar en Buenos Aires. “Joven bien plantao y con buenos patacones en el bolsillo, usted amigo se puede imaginar el resto… Qué tiempos aquellos”, recalca.

LOS IDEALES POLÍTICOS

En todo hombre están encendidos, de una u otra manera, los ideales y el fuego de la rebeldía, don Chano y otros amigos de su edad, cuando hacía contrato de chófer en Portachuelo, se constituye en uno de los fundadores del Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR). Era el año de 1943.

Percibía que el programa del MNR estaba la solución a los graves problemas sociales en que se desenvolvían las grandes mayorías del país y, sobre todo, la del hombre de las llanuras grigotanas, pobres de solemnidad, sin esperanza de un mañana mejor para él y sus hijos.

La tenencia de las tierras en manos de unos cuantos terratenientes en desmedro de los “cambas”, que de tierra sólo tenían el pozo donde los enterraban cuando morían, dejando como herencia a sus descendientes las interminables deudas que nunca se podían pagar a los patrones. “Hasta hoy mantengo mi identidad política y desde el triunfo de la revolución en 1952, he luchado con todas mis fuerzas para que cada habitante de acá tenga techo propio para vivir y tierras para labrar un mejor destino”, subraya don Maximiliano.

CHANO ALCALDE

Desde el 9 de abril de 1952 a 1957, Montero tuvo 2 alcaldes: el primero don Ángel Alberto Limpias (+) – Piculivi- y don Horacio Paz Parada, y desde febrero del mismo año hasta 1962, con intervalo de tres meses cuando Orlando Roca León ocupó esa situación, don Maximiliano Garrido, llevó adelante una gestión edilicia que es reconocida hoy, como el motor que permitió un sostenible progreso de la naciente urbe montereña.

En sus relatos refleja los años “bravos” del canibalismo político entre facciones de “moronistas, julistas y lechinistas” , que eran del MNR, pero peleaban entre sí por lo que hoy se llama “cuotas de poder”.

Muchas veces la sangre llegó al río y la intranquilidad era permanente, sin embargo el alcalde, nuestro amigo Chano, se sustrajo de esos problemas y decidido se lanzó a abrir nuevas calles, ampliando de esta manera el radio urbano de la población.

NUEVOS ASENTAMIENTOS

Como si fuera ayer, don Garrido Zabala, nos comenta que en 1961, producto de un convenio con don Felipe Díaz N., este ciudadano sede a título gratuito alrededor de 40 hectáreas de terreno, ubicado en lo que hoy es la calles Isaías Parada, al Norte y al este, hasta la circunvalación y parte de lo que es el barrio Monasterio Da Silva.

Señala que por el actual radio urbano corría un arroyo que se bifurcaba por distintos cauces, de ahí el primigenio nombre del Monte de la Víbora. “Existían grandes curichones y grandes pozas y el trabajo de desmontar y abrir nuevas calles, inclusive la hoy avenida Kennedy, era una esforzada labor que se requirió la participación de motoniveladoras de la empresa Thompson, que en ese tiempo iniciaban los proyectos I y IV, que son las carreteras Guabirá - Minero - Chané y Guabirá – Yapacaní.

 

“Beneméritos de la Guerra del Chaco, sindicato de transportistas, empleados de la Alcaldía, Sancho, Pedro y Martín se beneficiaron con la dotación de un lote de terreno”, nos revela don Chano, agregando que alguna vez le preguntaron sus hijos si él había aprovechado esta situación para hacerse dueño de un lote, los que nos cuenta que les decía sí, que tenía uno seguro, “pero en el cementerio”.

OTROS LOGROS

Durante su larga gestión edilicia, don Chano logró comprar, a la familia de don Francisco Moreno el antiguo edificio donde hace algunos años funcionaban las oficinas del gobierno municipal.

Con los ímpetus de un hombre de acción mandó construir la actual plaza de armas de la ciudad. “Los toborochis, motoyoés, gallitos colorados, y palmeras que hoy son la sombra y el frescor de los que vienen a buscar solaz y esparcimiento en el paseo público, fueron plantados en mi gestión”, nos revela don Garrido.

 

Se podría escribir todo un libro de los logros y acontecimientos que acompañaron el despertar de un pueblito abúlico y tranquilo en su transición futura, de lo que hoy es Montero y del verdadero valor de sus hombres y mujeres; lo más, escribieron en forma anónima las páginas de su esforzada labor y fundamentalmente de su fe en un mañana mejor, siendo un ejemplo para que las nuevas generaciones de montereños sigan jalonando sin descanso ni “pascanas”, el progreso de la ciudad y la región.

Eso sí. Honrando a aquellos patricios que como don Garrido estuvieron presentes y en el momento adecuado sabiendo levantar en alto la bandera verde – blanco - verde, símbolo de igualdad y justicia social.

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