Sábado, 11 Julio 2020 16:05

La humildad de un verdadero servidor de Dios y de sus semejantes

Escrito por
Valora este artículo
(0 votos)

La muerte de un hombre que dedicó su vida al servicio de Dios y de sus semejantes, entregado a un pueblo que no es el suyo, luego de dejar voluntariamente su Patria, sus padres y sus hermanos, adoptando una nueva nacionalidad espiritual y ser solo un “testigo de lo que la Providencia ha hecho por Montero” causa sin duda alguna mucho dolor y tristeza en quienes por muchos años, de cerca  o de una distancia no tan lejana vimos la inmensa labor del sacerdote Mario Pani.

Por supuesto que fue la Providencia la que hizo obras de mucho beneficio para Montero, pero la Providencia usó la Fe, la voluntad, la iniciativa, el amor por la gente y el esforzado trabajo de este hombre que nunca quiso aceptar que todo eso era obra suya. Esa era la humildad con que el padre Pani, servía a Dios y a sus semejantes.

Pero esa humildad, no solo se reflejaba en ‘endilgarle’ a la Providencia, todo lo que hacía. Personalmente, nunca había tenido la oportunidad de ver cómo vive un cura, hasta que mi oficio de reportero, me la dio cuando ante el anuncio de un viaje del padre Mario Pani a su natal Italia en 2013, surgieron comentarios y hasta una especie de movilización para evitar que el sacerdote se vaya de Montero y abandone a su grey tan cariñosa y arraigada en su corazón.

En la entrevista, me pidió que escribiera para que la gente quede tranquila, que no se iría definitivamente, que solo quería ver a su familia y que volvería, porque quería dejar sus restos en esta tierra a la que amó tanto. Y así lo hizo.

Ingresé a la casa parroquial con ayuda de un amigo muy cercano a la parroquia de San José y llamamos a la puerta del sacerdote. Pensé encontrar una habitación con suficientes comodidades para la estancia y descanso de un sacerdote que trabajaba tanto por su comunidad.

Pero, no, a pesar del entorno en el que se encontraba su habitación, me impactó, aunque parezca extraño, la humildad de su aposento. Apenas había una cama estrecha, humilde, tanto en su estructura como en sus cobertores, un pequeño velador, una mesita que seguramente utilizaba como escritorio, una silla y un estante con pocos libros, nada más, y por supuesto un Cristo colgado de la pared, el mismo que seguramente escuchaba sus oraciones antes de acostarse a dormir.  

De toda la grandeza que la gente aprecia de la obra del padre Mario Pani por su valor material y social, en educación, en vivienda, fuentes de trabajo, talleres, una radioemisora, y muchas otras obras palpables, además de su obra espiritual y evangelizadora, es la humildad en la que vivía este ser extraordinario, cuya muerte ha causado tantas reacciones de reconocimiento y amor, la que llevo en la mente y el espíritu como ejemplo de grandeza.

Padre Mario Pani, descansa en paz al lado de nuestro Creador.

Visto 421 veces Modificado por última vez en Sábado, 11 Julio 2020 20:55

Deja un comentario

Asegúrate de llenar la información requerida marcada con (*). No está permitido el código HTML. Tu dirección de correo NO será publicada.