El lunes 1º de Mayo, Día Internacional del Trabajo y con la consigna de que “no hay nada que festejar” alrededor de diez docentes del área urbana de Bolivia se crucificaron y otros tres optaron por la extrema medida de tapiarse como protesta ante la falta de respuestas del Gobierno a sus demandas, entre los primero, el dirigente del Norte Integrado Juan Carlos Martínez.
Luego de permanecer a lo largo del día en esa posición el dirigente Juan Carlos Martínez fue bajado de su crucifixión y se reincorporó a la huelga de hambre en su séptimo día en la denominada Casona de la sede de Gobierno.
Cumplida la protesta, Martínez envió un saludo a sus colegas del Norte cruceño y agradeció a la delegación que le acompaña en esta lucha. Aseguró que seguirán luchando por el magisterio cruceño y por el magisterio nacional y ratificó el rechazo al acuerdo de la Central Obrera Boliviana y que continuarán en su movilización hasta conseguir las reivindicaciones por las que se encuentran en apronte.

Posteriormente a esta medida, otros tres educadores, determinaron participar en la extrema medida de tapiarse a ladrillo y cemento en una estructura, que apenas tiene unos pequeños orificios para el ingreso de aire que les permitirá respirar. Estarán en la medida de presión, sin luz, sin agua y sin alimentos, según lo expresaron, hasta las últimas consecuencias.

