Desde las primeras luces del amanecer hasta las últimas horas de la noche, existe un ejército silencioso que trabaja incansablemente para que la ciudad luzca limpia, ordenada y acogedora.
Son los hombres y mujeres de la Unidad de Aseo Urbano, cuya labor, muchas veces invisible, es esencial para mantener el brillo y la salud de nuestra querida ciudad.
Armados con escobas, carretillas, palas y bolsas, estos trabajadores —barredoras, carretilleros, paleros y bolseros— recorren a diario calles, avenidas y paseos públicos, enfrentando el calor, el cansancio y, en ocasiones, la indiferencia, con un solo propósito: embellecer Montero y ofrecer a sus habitantes un entorno limpio y digno.
Según Daniela Santos Gutiérrez, responsable municipal del área de barrido, actualmente se cuenta con 93 personas dedicadas a esta noble tarea. Están organizadas en cuadrillas de 16 trabajadores cada una, distribuidas en dos turnos: el primero inicia a las 4:00 de la madrugada y concluye al mediodía; el segundo arranca a las 14:00 y se extiende hasta las 22:00.
El trabajo no se detiene ni los fines de semana ni en feriados. Todos los días, sin excepción, estas cuadrillas cumplen su labor con disciplina y compromiso, coordinando además con subalcaldías y dirigentes vecinales para atender de manera oportuna las necesidades de limpieza en distintos barrios.
“Es un trabajo silencioso y sacrificado, que merece el respeto y la admiración de todos los montereños”, señaló Santos, destacando también el esfuerzo colectivo que permite que la ciudad luzca limpia y bella.
Mientras muchos descansan, ellos ya están en las calles, barrido tras barrido, sembrando con su ejemplo y dedicación que inspira. Son el rostro anónimo del cuidado urbano, y cada gesto de reconocimiento hacia ellos es también una forma de cuidar Montero.

