Por fin alguien se animó y lo hizo bien. Ñuflo de Chaves salta al escenario: vuelve a la memoria viva de un pueblo que, entre tanto caos, quiere saber de dónde viene y por qué está donde está.
En pleno 2025, con un país patas arriba, una economía que no despega y una cultura que resiste como puede, hay un grupo de ‘locos’ lindos (actores, historiadores, diseñadores, soñadores) que se han metido la misión de revivir, con rigor y belleza, al hombre que fundó Santa Cruz de la Sierra. Se llama Ñuflo de Chaves, el Caballero de la Selva, y es la nueva obra del Taller de Artes Escénicas Mutares del Museo de Historia de la UAGRM.
La obra ya tuvo dos presentaciones previas y la noche de este viernes se realizará la gala inaugural en el Museo de Historia de la UAGRM desde las 19:30 con invitados especiales, para luego continuar con la temporada abierta al público, previsto para finales de agosto y principio de septiembre.

Pero, no es cualquier obra. No es un acto escolar con capa y espada. Es un montaje arriesgado, parido con paciencia, cabeza y corazón. Una producción histórica, como no se ha hecho hace mucho en esta ciudad. Y eso ya dice mucho.
Una hazaña teatral en tierra caliente
El director se llama Miloz Derpic. Si lo conocés, sabés que no improvisa. Si no lo conocés, te estás perdiendo de alguien que escribe, dirige y pone en escena con una obsesión que roza el ‘delirio’ creativo. Estuvo nueve meses gestando este guion. Nueve. Como un hijo. Investigó, leyó, soñó, preguntó, lloró, escribió. Se metió en la piel de Ñuflo. Le inventó su juventud en Extremadura, lo puso a navegar por el Atlántico, lo hizo cruzar selvas y ríos hasta fundar, con visión y fe, la Santa Cruz original.
Y no lo hizo solo. Lo acompañó Paula Peña Hasbún, la mayor autoridad historiográfica de la ciudad. “Nos sentábamos en el museo. Ella me explicaba los silencios de la historia. Y yo, desde ahí, imaginaba”, dice Miloz.
No hay invención barata. Hay historia. Crónica. Aventura. Sueños. Y una mezcla preciosa entre datos reales y mitología americana. Porque Ñuflo, no nos olvidemos, llegó persiguiendo ‘El Dorado’. Y lo que encontró fue otra cosa: una patria posible en medio de la selva, donde los indios y los españoles pudieran convivir.
Un Ñuflo, dos cuerpos. Y una ciudad que respira en escena
Ñuflo será interpretado por dos actores: Orlando Montalvo, en su versión joven e idealista, y Jaime Antonio Robles, como el viejo capitán, curtido por la selva y los años. Dos almas, un mismo sueño. El elenco lo completan más de quince artistas en escena, formados en el taller Mutares, capaces de encarnar hasta tres personajes cada uno. Se mueven con precisión quirúrgica. Cambian de piel sin respirar. Viven lo que hacen. Se nota. Y se agradece.
Acá no hay telón. No hay descanso. No hay tregua. En escena, con cubos de madera, luces, proyecciones y música original se pasa de una taberna española a una canoa amazónica, del Perú virreinal a la Chiquitanía misteriosa. Todo en vivo. Todo sin cortar.
¿Querés saber cómo suena? La banda sonora fue compuesta y grabada por Daniel Molina, guitarrista boliviano radicado en Alemania, que se zambulló en los archivos de la música renacentista española. Lo que sale de su guitarra es fondo musical, es alma. A ratos te dan ganas de llorar. A ratos, de pararte y gritar “¡viva Santa Cruz carajo!”.
Una estética que abraza lo pobre para contar lo grande
Acá no hay parafernalia ni escenografía cara. No hay sponsors ni contratos de oro. Esta es una obra hecha con amor, con garra y con recursos mínimos. Miloz lo dice claro: “vamos a montar esto con la estética del teatro pobre de Grotowski. Porque no hay plata, pero hay talento y pasión de sobra”. Y lo logran. Con muy poco, hacen mucho. El vestuario, diseñado por Nirvana Ávalos, te lleva directo al siglo XVI. El maquillaje te recuerda que esto es arte. Y las ilustraciones de Soledad Mendivil le dan esa textura onírica que conecta el pasado con el presente.
¿Querés saber dónde la van a estrenar? En casa. En la icónica salita de la otrora Casateatro. Porque ahí empezó todo. Porque ahí vive el archivo, la historia, la memoria. Y porque Mutares es heredero directo del Casateatro, ese mítico espacio que ya forma parte de la leyenda escénica cruceña.
¿Y quién paga esto? Nadie. Lo estamos haciendo por amor
No hay apoyo económico. No hay respaldo de ninguna autoridad. Esta obra se hizo a puro pulmón, con el esfuerzo de 20 personas que creen que Santa Cruz merece más que bulla y política. Que merece arte, memoria, legado.
“Claro que duele. Pero también da fuerza. Porque cuando estrenemos el 25 de julio, cada aplauso va a valer el doble”, dice Gilberto Melgar, productor y encargado de comunicación, al expresar que aún espera el apoyo de patrocinadores, de instituciones y autoridades después de la gala de esta noche.
Santa Cruz tiene quién le escriba. Y le monte escena
A veces se olvida, pero el teatro es una forma de escribir la historia en carne viva. Y con esta obra, Santa Cruz le está escribiendo un capítulo nuevo a su identidad. Ñuflo vuelve, no para conquistar, sino para recordarnos que su sueño de convivencia aún puede salvarnos del caos. Y si no lo creés, andá a verla. Leé esta nota otra vez. Y después, reservá tu entrada y date el lujo de ver lo mejor que Santa Cruz ha montado en mucho tiempo.
Porque esta obra es un acto de amor… y de memoria.

