Autor: Roberto Mendez
Este 31 de agosto del 2026 mi corazón se puso en conflicto en el 172 aniversario de mi natal Montero cuando el Concejo Municipal me entregó una Medalla al Mérito, en la categoría profesional. Primero quise llorar y después reír pues la película de mi vida se pasó en fracción de segundos.
He recibido reconocimientos del Centro Europeo de Periodismo, de la Universidad de Albuquerque, Estados Unidos, de la Cámara de Senadores y Diputados, del Concejo Municipal de Santa Cruz, de mi Universidad Autónoma Gabriel René Moreno, de varias universidades locales y soy Premio Nacional Libertad de Expresión. Pero este… este es diferente. Este viene de mi cuna. Viene de las calles de Montero donde yo gritaba “Banzer dice que gobernará el país, con «¡Orden Paz y Trabajo…!, me gustaba leer los titulares de los periódicos y me gustaban los jueves porque Presencia llegaba con su suplemento de crucigramas; con las mismas energías que gritaba empanadas, asaditos, tamales…» aguantando sol, lluvia y pobreza.
Es especial por que viene del municipio *que me vio crecer con tinta en las manos*, el canasto o la charola de ventero y empuñando el machete de zafrero… dispuesto a todo. Porque viene de la Capital del Norte, de la ciudad más dulce de Bolivia, donde este “chupacaña” se bajaba las cañas de los camiones que iban a los ingenios y que desafiaba el peligro en la copa de los mangales, en la calle Ayacucho.
Y cuando el reconocimiento viene de tu pueblo, uno no se lo cuelga nomás. Se lo guarda aquí en el corazón. Yo fui vendedor de periódicos, zafrero, ayudante de albañil, ayudante de tronqueros, Y Soñé con ser periodista, mientras leía los titulares, que luego escribí como periodista y que Dios me dio el privilegio, de defenderlos como abogado en casos de agresiones, de exigir el buen ejercicio en el Tribunal Nacional de Ética y hoy, de representarlos a todos, en la Asociación Nacional de Periodistas de Bolivia.
Siendo niño, soñaba con ser periodista a pesar que un vecino me dijo, eso no es para vos y me remedaba «a dónde vas Roberto y yo lento le contestaba, al cementerio» y me criticaba porque hablaba lento. Y yo les respondí con la única filosofía que conozco: “Si se quiere se puede”, la que me enseñó mi madre, Alicia Herrera, una heroína nacida en el Cidral, que nos sacó adelante a ocho hermanos, lavando ropa ajena, haciendo comida, vendiendo dulces, cuando mi padre Teodoro Méndez, uno de los mejores amansadores de caballo de Portachuelo, murió repentinamente., pero que me dejó el chip en la mente, “Si es Méndez es bueno y si es montereño o del Norte cruceño, es inigualable:

Por eso reflexioné. Esta medalla no es por mí. Es por todos los niños de Montero que hoy están vendiendo algo en una esquina y sueñan en grande. A Panozo con el que me peleaba en la esquina de la Alcaldía mientras vendíamos y fletábamos las revistas de Kaliman, «Corin Tellado» y El Tony, a “Tigre”, mi contrincante en la venta de empanadas, le decíamos así, porque se limpiaba los mocos con su mano, a “Ventolera”, un lavador de autos de la estación de servicio “El Rápido”, a “Pecho”, a “Carachupa”, a “Turo”, a “Nalga de Torillo”, a “Enema”, a “Don Juan”, seguramente hasta el cielo, con quien las noches nubladas cantaba mis coplas que yo escribía, en pleno campamento de zafreros, a mi cuñado Piluchín de quien fui su ayudante de mecánica, en fin…
De todo esto estoy aquí para decirles: De Montero sí se puede salir. Pero se puede volver solo para honrarlo. Gracias Montero por no olvidar a sus hijos. Gracias por enseñarme que no importa a dónde llegues…si te olvidas de dónde vienes, no llegaste a ningún lado. Me llevo esta medalla en mi corazón porque rompe el maleficio que no hay profeta en su tierra.

