Efraín Ramos: “Ya me habían desahuciado. Pero acá me tiene totalmente sano, aprendiendo a caminar”

Ramos-Efraín

Ha pasado un año y casi dos meses desde que el profesor y director del colegio San José (turno tarde) Efraín Ramos Parada, ingresó al quirófano afectado por una dolencia en el sistema urinario. La patología complicó su salud, incluso se contagió de Coivd-19. Sin embargo, logró salir airoso de la batalla y ahora encara un proceso de lenta recuperación.

Impedido de movilizarse por cuenta propia, en la calidez de su hogar y junto al cariño de los suyos, Ramos intenta volver a la normalidad. Una silla de ruedas que le permite desplazarse se ha vuelto su compañera inseparable, así estará hasta que recupere las fuerzas para volver a caminar.

El drama del conocido educador comenzó con una operación que le practicaron en una clínica privada. Él considera que fue una mala praxis que derivó en la infección de la herida y que incluso lo internaron en un ambiente habilitado para los enfermos de Covid-19, por eso se contagió con el virus.

Según Ramos, en la clínica donde estuvo internado, el médico que lo atendía por tratar de limpiar la herida apretó demasiado y originó que se cree una fistula que al entrar en contacto casi permanente con la orina, se fue infectando a tal punto que tuvo que ser ingresado a quirófano en siete oportunidades a objeto de limpiar la herida, pero el cuadro clínico no mejoraba, “cada día me iba”.

En ese ínterin, los familiares reclamaron mejores condiciones para su estadía en ese sanatorio, por lo que es ingresado en una sala que había sido habilitada para pacientes positivos de Covid-19, por lo que el educador se contagió con el virus, situación que agravó su cuadro clínico.

Recuerda que una noche, perdió el conocimiento en dos oportunidades, por lo que los galenos  habían determinado intubarlo, afortunadamente no fue necesario, lograron recuperarlo. “Conozco a Dios y él quiso que vuelva nuevamente a tener vida, pero ya me habían desahuciado”.

Ramos sentía que la vida se le iba de a poco, en ese tiempo vivió un verdadero calvario, “estaba 15 días en mi casa y 15 días en el hospital, hasta que mi hermano se enteró de mi situación y me llevó en avión hasta Argentina”.

“Bueno, después de la operación. Una mala praxis, prácticamente muy a peor, tuve que recorrer terapia intensiva muchos meses, ya me habían desahuciado, hasta que vino mi hermano que tengo en Buenos Aires y me llevó allá donde me realizaron otra cirugía que duró bastante tiempo y aquí me tiene sano, lo único que aprendiendo a caminar, pero totalmente sano”.

“Me salvaron la vida los gauchos hay que agradecerle mucho a ellos”, dice Ramos al mencionar que su tratamiento lo realizó en el hospital privado Italiano. “Es un hospital muy bueno, estamos muy lejos en medicina en el país, el Estado tiene que realizar la inversión necesaria en salud para precautelar la vida de los bolivianos”.

Efraín Ramos en su lecho de enfermo. Afortunadamente esa etapa quedó en el pasado.

Los problemas de salud del director del colegio San José comenzaron en junio de 2020 cuando la primera ola del Covid-19 estaba en su mayor pico, relató que estuvo recorriendo los centros de salud en busca de atención médica pero nadie lo quería atender al considerarlo como sospechoso de la pandemia y lo querían ingresar a la sala de pacientes de Covid-19 pero su dolencia era otra.

“De tanto peregrinar, en la Caja Nacional de Salud me atendieron, pero al día siguiente cometí la torpeza de llegar a una clínica privada donde el médico me valoró y me dijo que en cuatro días debería irme caminando a mi casa. Y me quedé todo un año, todo tullido. Bueno, paciencia, Dios juzgará, yo no soy quien para juzgar”.

El maestro está sano, pero no puede movilizarse por cuenta propia, se encuentra en una etapa de recuperación con sesiones de fisioterapia y desintoxicando el cuerpo por la ingestión de tantos fármacos. Pero, recalcó que desde hace cinco meses que no ha probado ningún medicamento.

“Estoy muy bien de salud, aprendiendo a caminar como los bebés, ya me paro porque no podía hacerlo, el año pasado en ese estado, en una camilla fui a dar examen para director y aprobé. Dios es grande aprobé el examen, mire, tantos colegas que reprueban”.

“Estoy muy bien de salud, aprendiendo a caminar como los bebés, ya me paro porque no podía hacerlo, el año pasado en ese estado, en una camilla fui a dar examen para director y aprobé. Dios es grande aprobé el examen, mire, tantos colegas que reprueban”, precisó.

Ramos menciona que desde 1.991, rinde exámenes y nunca reprobó; agradece a Dios por iluminar su camino y haber defendido satisfactoriamente el cargo de director del colegio San José en el turno de la tarde donde continuará ejerciendo su función de docente.

En todo este periplo que estuvo luchando por su salud, fue en Buenos Aires donde recibió la primera dosis de la vacuna china Sinopharm contra la Covid-19. Cuando llegó a Bolivia pidió vacunarse en el centro de salud Divino Niño, pero allí le exigían una autorización de las autoridades sanitarias.

En ese afán andaba Ramos cuando llama a un amigo para preguntarle si habían vacunas, “venga acá hay vacunas y después de inmunizarme me comenta que me aplicó la primera dosis de la vacuna rusa Sputnik, por lo tanto soy producto de un experimento, padecí toda una semana, pensé que había una reacción, pero afortunadamente no pasó nada”, dice entre risas el educador de 62 años.

Ramos, que está casado con la docente de Literatura, Elizabeth Ríos Baptista, con la que procreó tres hijas ya profesionales, había decidido jubilarse y retirarse a sus cuarteles para disfrutar de sus nietos; sin embargo, eso tendrá que esperar un poco.

“Mis nietos son mi mundo, pero al ver que debo a muchas personas, tuve que dar examen para director, el cien por ciento de mi salario es para pagar las deudas, deudas y deudas. Lo bueno es que estoy vivo”.

El profe Ramos agradeció a mucha gente que lo ayudó, a la Federación de Maestros, profesores del colegio, padres de familia, estudiantes. “A todos, del que menos pensaba. Me llegó dinero del extranjero, mis familiares de toda Bolivia, sino, no hubiera salido. Si yo le dijera la cantidad de plata que he gastado no me la cree, pero para testimonios tengo bolsas llenas con las recetas para la compra de medicamentos en el tiempo que estuve delicado de salud”.

Recordó que la atención médica en la Caja Nacional de Salud era gratuita pero en su farmacia no había los medicamentos que le suministraban, por lo tanto había que conseguirlos de la noche a la mañana.

Pese a estar en etapa de recuperación, Ramos precisó que tiene todo clasificado, incluso habló del sobreprecio en algunos fármacos. Cuestionó la falta de sensibilidad de algunos propietarios de farmacias que aún se aprovechan del drama que viven los familiares de los enfermos.

“Los medicamentos que costaban Bs 20 nos los vendían en Bs 80, y ahí están las recetas con el puño y letra de ellos, algún día conversaremos con esos profesionales para decirles que no tuvieron corazón con nosotros y con la gente, porque no solamente a mí me hicieron esto”.

Citó otro caso concreto, el precio del oxígeno.  Señaló que tiene un familiar, que es propietario de una fábrica de oxigeno que vende a Bs 45 y acá en Montero ese mismo producto llega a costar Bs 250, “eso es no tener corazón, eso es aprovecharse del dolor ajeno”, lamentó el educador, ahora en búsqueda de un total restablecimiento de su salud.

Ramos se considera un afortunado de la vida al tener una segunda oportunidad. Sabe que con las acciones sociales que realizó de manera conjunta con sus profesores, padres de familia y estudiantes para apoyar a las personas desposeídas con sus alumnos, inculcó la solidaridad hacia el prójimo.

El educador sintió en carne propia la solidaridad de la comunidad educativa que siempre estuvo pendiente de la evolución de su estado de salud; apoyando en las actividades para recaudar dinero, porque cuando la enfermedad se vuelve compleja no hay bolsillo que aguante.

Pese a estar en etapa de convalecencia, Ramos trabaja en la implementación de dos gimnasios, uno para el colegio que será utilizado por los profesores, estudiantes y padres de familia y el segundo en su domicilio para uso particular de la familia, hijas, yernos y nietos, dice entre risas.

Además con la realización de una rifa, está promoviendo la vacunación en la comunidad educativa de su colegio. Los estudiantes para ganar tickets del sorteo deben presentar los carnés de vacuna de sus familiares. A mayor cantidad de carnés recibirán mayor cantidad de boletos para la rifa, precisó.

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