¿Por qué la decisión trágica de un hombre que amó y defendió la vida y a su pueblo?

La muerte del médico y dirigente cívico, Herland Vaca Diez, ha impactado no solo entre sus allegados, si no en la sociedad cruceña. No fue cualquier ciudadano, fue alguien importante y que, en su trayectoria como profesional de la salud, amó y defendió la vida; pero que al final tomó una decisión radical. Este hecho nos sumergió en profundas reflexiones que aún no salimos del estupor y el dolor que nos produjo su decisión.

Hay algo profundo y enigmático que lleva a hombres y mujeres a eliminarse por siempre, que solo lo conocen ellos, y precisamente ahí radica la belleza y el misterio de sus vidas: enfermedad terminal, decepción, deudas, conflictos, depresión y otros.

¿Qué pasó con este hombre que durante su trayectoria profesional de médico salvó muchas vidas, coadyuvó a cientos a sobrellevar sus vidas, atendió a tantos enfermos y que en cada aparición pública irradiaba firmeza, liderazgo, capacidad y vocación de servicio?

¿Se suicidó o lo mataron? Las dudas se han incrementado cuando el fiscal anunció que su cuerpo tenía dos balazos. Por tanto, amerita un informe respetando a la familia y la decisión final.  ¿Por qué el silencio del fiscal, de la policía?

Estamos hablando del doctor Herland Vaca Díez, médico de profesión, con especialidad en trasplantes de riñones, ex presidente del Comité Pro Santa Cruz, presidente de la Sociedad de Estudios Geográficos e Históricos de Santa Cruz, un meritorio ciudadano y profesional, que no escatimó esfuerzos algunos para apoyar y salvar muchas vidas, no solo en su área especializada, sino durante la pandemia del Covid, él fue quien reorientó la lucha contra la misma y planteando el suministro de la Ivermectina, la misma que luego fuera adoptada por los protocolos médicos. Además de muchos otros logros profesionales y de aportes que hizo a la medicina y al desarrollo cruceño.

Esta muerte ha sacudido los cimientos de la sociedad, mucho más de las instituciones a las que él sirvió, pero también a mucha gente del pueblo, como nuestro caso, que nos queda la perplejidad de su decisión, tomando en cuenta, que conocimos a ese hombre, conversamos muchas veces y discutimos temas de política nacional y departamental, intercambiamos libros de historia y de filosofía. ¿Cuáles son las preguntas que buscan respuestas?:

¿Por qué se fue así tan dramáticamente, si fuera el caso, del suicidio, si acaso no amaba y profesaba una fe por la vida? ¿Por qué se quebró a estas alturas de su trayectoria cuando brillaba con fuerza e irradiaba liderazgo? ¿Qué le hizo tomar esa decisión: una enfermedad, conflictos familiares, deudas, depresión o se les quitó ya las ganas de vivir? ¿Por qué no pesó más su enorme y productiva trayectoria de médico y servidor de la gente que sumergirse en la oscuridad de la muerte? ¿Qué mensaje quiso dar a las jóvenes generaciones que lo veían como referencia en el campo de la salud? ¿Por qué pudo más su impulso mortal que su aliento por la vida?

Sin duda, por respeto a su vida y de su familia, las respuestas se quedarán en sus corazones, pero que nos deja aturdido, pensativo, quizás decepcionado por su dramática partida para hacerse abrazar por la muerte, indagando respuestas razonables para tratar de asimilar esta enorme pérdida de una vida; pero poniéndome de pie para agradecerle y aplaudirle por su compromiso y por todo su trabajo a favor de su pueblo querido: Santa Cruz y su gente.

El divulgador científico, el español Eduardo Punset, decía que: “Cada vez que una persona abraza la muerte voluntariamente y renuncia a seguir existiendo, perdemos todos un poco el sentido de la vida, y en cierto modo también nos morimos con ella. La opción de renunciar a la vida y abrasar la muerte es un auténtico cataclismo humano”.

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