Bolivia enfrenta nuevamente la sombra de la inflación, un fenómeno económico que genera incertidumbre y temor entre los agentes económicos.
Por: MSc. Ruddy Sanguino – Analista económico y profesor universitario de la UAGRM.

Para muchos, este escenario evoca recuerdos amargos de la hiperinflación vivida en la década de los 80, cuando la estabilidad económica del país se vio severamente comprometida. Comparar ambos momentos nos permite comprender la magnitud del problema actual y, a su vez, extraer lecciones cruciales para evitar caer en una crisis económica más profunda de la que ya tenemos hoy.
El episodio histórico de hiperinflación que sufrió Bolivia en los años 80, es uno de los capítulos más oscuros en la historia económica del país. Este fenómeno, que alcanzó niveles críticos en 1985, fue resultado de múltiples factores: políticas fiscales irresponsables, una profunda crisis de la deuda externa, la caída de los precios internacionales de las materias primas y un entorno político inestable entre otros factores.
En ese contexto, la inflación alcanzó niveles inimaginables, con tasas de hasta un 24.000% anual, lo que devastó los ahorros, pulverizó el poder adquisitivo y desató una crisis social de grandes proporciones, que llevo a colapsar el modelo económico vigente en ese momento.
Es por esta razón que el presidente Víctor Paz Estenssoro al llegar al gobierno, con el apoyo de economistas nacionales y del exterior, implementó un plan de estabilización basado en el Decreto Supremo 21060, que incluía medidas drásticas como la liberalización de precios, la eliminación de subsidios, la disciplina fiscal, entre otras. Estas decisiones permitieron frenar la hiperinflación, pero a un costo social significativo, especialmente para los sectores más vulnerables.
El fantasma de la inflación en la actualidad, si bien no ha llegado a los extremos de la hiperinflación de los 80, ha comenzado a resurgir como una preocupación creciente, alcanzando para el mes de septiembre de 2024 una tasa de variación anual del IPC del 6.18%, de forma que la inflación acumulada desde enero al mes de septiembre de 2024 es del 5,53%, según datos del INE, aunque, cuando las familias van al mercado se encuentran con otra realidad, con incrementos de precios superiores a los que refleja el índice.
Actualmente, las empresas, ni las familias pueden planificar una actividad para los meses siguientes, porque la incertidumbre de los precios es alta. Esto es el reflejo de la situación crítica que vive la economía boliviana en los últimos años, problemas de alto endeudamiento público, la disminución de reservas internacionales, déficit fiscal, escases de dólares, la falta de combustibles, entre otros.
Aunque las tasas actuales de inflación aún se encuentran por debajo de los niveles alarmantes, su impacto comienza a sentirse en el bolsillo de los consumidores y en la toma de decisiones de los empresarios e inversionistas.
El episodio de los 80 nos deja lecciones importantes. La más crucial es la necesidad de actuar con rapidez y decisión ante las señales tempranas de desequilibrio inflacionario. La demora en tomar medidas correctivas puede llevar a una pérdida de confianza en la moneda, algo extremadamente difícil de revertir, lo cual ya estamos viviendo en el país.
Asimismo, es fundamental mantener políticas fiscales y monetarias coherentes. Un exceso de gasto público, junto con un financiamiento descontrolado por parte del Banco Central, fueron las principales causas de la hiperinflación y hoy se vuelve a repetir la misma situación.
*Fuente: «Periódico Universitario»

