Con el objetivo de proteger el medio ambiente y preservar la salud de la población, el Gobierno Autónomo Municipal de Montero hizo cumplir una vez más la Ordenanza Municipal N.º 013/2000, que prohíbe las fogatas y quemas durante la celebración de San Juan.
La Secretaría Municipal de Medio Ambiente, en coordinación con la Intendencia Municipal y Salud Pública, desplegó operativos de control la noche de este martes en distintos barrios de la ciudad para evitar el encendido de fogatas.
Durante los recorridos, el personal municipal detectó algunas quemas en domicilios particulares. Según un audiovisual difundido por la Alcaldía, los funcionarios dialogaron con los propietarios y procedieron a concienciarlos sobre los riesgos ambientales y de seguridad, logrando el apagado voluntario de las fogatas.
El secretario municipal de Medio Ambiente, Fernando Vaca, recordó que este tipo de prácticas pueden generar incendios de gran magnitud si el fuego se sale de control, además de contribuir a la contaminación del aire.
Una tradición que ha cambiado con el tiempo
La festividad de San Juan tiene profundas raíces religiosas y culturales. De acuerdo con un reporte de Visión 360, la celebración recuerda el nacimiento de San Juan Bautista, cuyo nacimiento fue anunciado mediante una hoguera encendida por su padre, San Zacarías.
La tradición llegó a América durante la época colonial y se fusionó con costumbres indígenas relacionadas con el cierre de ciclos agrícolas y la renovación espiritual.
Con el paso de los años, la celebración fue adquiriendo un carácter más social que religioso. Las grandes fogatas se convirtieron en el centro de reunión de vecinos, quienes compartían comidas, juegos, relatos y actividades tradicionales alrededor del fuego.

Durante décadas, era habitual que familias enteras se congregaran en calles y patios para alimentar las llamas con leña y objetos en desuso, simbolizando la despedida de lo viejo y el inicio de una nueva etapa.
Menos fogatas y más conciencia ambiental
La transformación de la festividad comenzó a partir de las crecientes preocupaciones por la contaminación atmosférica y los riesgos de incendios.
A partir de la década de 1980, las autoridades comenzaron a implementar controles para reducir las quemas masivas, mientras que el crecimiento urbano y la reducción de espacios abiertos también contribuyeron a modificar la forma de celebrar la fecha.
La eliminación del feriado del 24 de junio y las nuevas dinámicas sociales impulsaron reuniones más pequeñas y familiares, sustituyendo paulatinamente las tradicionales fogatas barriales.
Aunque las llamas han desaparecido de gran parte de las ciudades, la esencia de San Juan permanece viva como una oportunidad para compartir en familia, fortalecer los lazos comunitarios y renovar las esperanzas de un nuevo ciclo.

