
Falta apenas una semana para que Bolivia acuda a las urnas y, si miramos hacia atrás, queda claro que esta campaña estuvo marcada por intentos de manipular la voluntad ciudadana desde varios frentes.
* Por Jaime Argandoña Fernández de Córdova l Licenciado en Ciencias Politicas y Sociales

Primero, se quiso instalar el concepto del voto útil bajo el argumento de que, si no había una “unidad” anticipada, el Socialismo del Siglo XXI se impondría en primera vuelta. A estas alturas, ya está claro que esa estrategia no funcionó.
Después vinieron las encuestas, muchas de ellas amañadas y carentes de credibilidad, que más que informar buscaban moldear la percepción pública. Luego llegaron los debates, que ya habíamos comentado en artículos anteriores: espacios que, en teoría, deberían servir para contrastar ideas, pero que en la práctica se convirtieron en un escenario para la estrategia electoral de cada candidato.
Un capítulo aparte merece la desafortunada intervención de Marcelo Claure, que al tomar partido por un candidato dejó en evidencia intereses personales. Mantenerse imparcial habría sido lo correcto, pero no fue así. A esto se sumó la guerra sucia que intentó empañar el proceso, con ataques y descalificaciones que poco aportan a la democracia.
En medio de este panorama, se impuso lo racional. Tuto Quiroga mostró su talla de estadista, distanciándose de la confrontación personal y enfocándose en exponer su programa de gobierno. Su presencia en los debates marcó un contraste con la mayoría de sus adversarios, y aunque algunos candidatos lograron capitalizar votos tras estos encuentros, la solidez de su propuesta quedó clara.
Al final, lo que hemos visto confirma una constante: las encuestas, aquí y en gran parte del mundo, suelen ser herramientas de presión política antes que un reflejo fiel de la realidad.
Desde el inicio, las maniobras mediáticas buscaron disminuir al candidato Quiroga, pero él nunca basó su estrategia en esos números. Siguió recorriendo el país, presentando su visión y confiando en la decisión directa del ciudadano.
A una semana de los comicios, el escenario está abierto. Y si algo nos deja esta campaña es la certeza de que la manipulación mediática tiene límites, y que, por encima de encuestas y presiones, siempre llega la verdad y con ella quedará la voluntad soberana del voto consciente.
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