El Carretón

Por: José Mercado Ortiz

El Carretón fue un medio de transporte en tiempos del coloniaje. Los españoles le dieron uso hasta que llegó el transporte motorizado, y actualmente lo usan en pueblos alejados de la ciudad. Era hermoso verlos cargados hormas de azúcar, transportando caña, arroz, plátano y otros productos agrícolas, y en tiempo de fiestas tradicionales, transportaban a las bellas mujeres de la época.

¡Qué tiempos aquellos! Todo quedó en el recuerdo, poesías y canciones que nos transportan al pasado. En época de guerras del Acre, del Chaco y otras, transportaban pertrechos para los combatientes. Cargaban hasta 50 arrobas (12.5 quintales) podían arrastrar más, si aumentaban yuntas de bueyes, según la distancia a recorrer. Cada yunta de bueyes iba unida a un madero llamado ‘yubo’ que lo ponían encima del cogote de la bestia amarrado con unas correas de cuero llamadas ‘coyundas’ que se trenzaban por los cuernos. La primera yunta estaba amarrada al ‘timón’ y les decían ‘tronqueros’. Si era necesario más yuntas se ponían ‘rastrilla’ amarrados por correa de cuero llamado ‘balsón’.

En una estaca iba colgado un cuerno grande con una sustancia que el carretero preparaba llamada ‘betún’ (sustancia de cebo y jabón) para lubricar el eje del carretón. Los bueyes eran amarrados por el carretero y conocían cuatro mandos. Ji, para girar a la derecha. ‘usa’ girar a la izquierda. ‘zoo’ para detenerse, ‘tiza’ para retroceder. Pero cuando los bueyes no querían obedecer, también el carretero lanzaba palabras difíciles de contarles. El carretero tenía un chicote (un simbao de cuero) con el que castigaba a los bueyes cuando no obedecían su mando. Los bueyes tronqueros de la derecha lo llamaban ‘ novilleros’ y ‘madrinas’ los de la izquierda. Entre la cama o

carrocería y el timón estaba una madera llamada ‘ muchacho’, para cuando el carretón esté detenido, el peso de la carga no descanse sobre el timón.

Las pascanas eran lugares apropiados para que descansen los bueyes se alimenten y tomen agua, y el carretero prepare su ‘locrito’ (alimento). Las jornadas de viaje no excedían las dos leguas (10 kilómetros).  Según la carga, tenían cajón y toldo, ambos de cuero de res sobre unos bejucos o lianas (bejucos tolderos) que estaban amarrados a las estacas. El carretero siempre tenía su machete en su vaina de cuero crudo, a la cintura y en sus pies calzaba ‘ojotas’. Para domar a los bueyes, se colocaba una Guasca amarrada a una pata delantera del animal y así lo frenaba hasta que eran dominados. El timón era de amarillo, jichituriqui o tajibo (maderas resistentes). En la punta tenía una ranura para detener el yubo de la primera yunta. A los laterales del carretón iban dos maderas llamadas ‘limones’ que sostenían las teleras dónde sostenían las estacas y sujetaban las maderas que formaba la carrocería. Más abajo estaba el ‘matagüei’ que sujetaba el eje para que no resbale para atrás.

El eje era de madera, y las ruedas de mara (caoba), paquió, tarara. A los costados del centro había dos rueditas pequeñas llamados Masero. Por los años 1.900 llegaron los ejes de fierro, generalmente usaban las diligencias. Santa Cruz y el oriente boliviano gozaron bastante de este transporte, esencial y único medio de locomoción de la época. Esos bellos tiempos quedaron en el pasado. Las nuevas generaciones ignoran lo que fue ese pasado y el poeta nos recuerda: ‘Camino lento al potrero, por lejana extensión, con su chillar lastimero, va pasando el CARRETÓN’.

Por: José Mercado Ortiz

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